Si subes por la escalera de la carrera profesional, ni de lejos has llegado a la meta. Es cierto que el coche de empresa espera en la puerta y que el sueldo se duplica, pero del reconocimiento ni rastro. Todo lo contrario: como superior, no te aceptan. Los envidiosos te rodean y tú no has ganado la autoridad por tu posición jerárquica. Porque el aprecio y el respeto se han perdido entre la cocina de la oficina y el día a día laboral. Los problemas de liderazgo están a la orden del día y, por consiguiente, tienes que armarte antes de hundirte.
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Jefe no aceptado[/caption]
Atajar el problema desde el principio
Ocupar una posición de poder no es fácil. Por un lado, hay que ser la persona respetada y, por otro, el buen oyente, el confidente y quien lleva las riendas. ¿Como superior no te aceptan? Entonces, sencillamente, tu autoridad ha sido socavada. Hay muchas figuras de autoridad y eso empieza desde la infancia. Padres, profesores, médicos, la policía y, por supuesto, también los directivos entre nosotros. Pero es a ellos a quienes menos se está sometido. Porque los trabajadores son adultos y, si algo no les gusta, se van. Para mantener de buen humor a tu "manada" necesitas la zanahoria y el palo. Por eso, el respeto es fundamental. Si no, los empleados te toman el pelo enseguida. Así que sintoniza con tus empleados, pero no hagas de payaso del descanso. Quien manda eres tú y no cualquiera.
No pierdas el control
Tú eres la medida de todas las cosas y diriges una empresa. Tienes la responsabilidad, aunque no siempre sea fácil. Quien quiere respeto tiene que ganárselo, o no te aceptarán como superior. El elogio y la reprimenda están muy cerca y tú estás en medio. Dirige a los empleados con aplomo y no pierdas de vista a ninguno. Las reuniones ayudan a conocer cómo van las cosas y una conversación a solas puede obrar milagros. Cuida una imagen segura y desenfadada. Porque precisamente la imagen que proyectas es lo que cuenta. Sé también un modelo a seguir y predica con el ejemplo. Solo entonces mereces el reconocimiento y solo entonces te respetarán los empleados. De nada, nada sale. Un jefe y un directivo son el líder de la manada. Todos se orientan por él y solo así se llega juntos a la meta. Por eso, no pierdas el control y ejercita la autodisciplina.
Mantén la compostura
Dirigir y liderar una empresa no es poca cosa. Por si fuera poco, hay que saber manejar a los empleados. Y no todos te tienen aprecio. Si como superior no te aceptan, puede haber muchos motivos. Mantén la compostura en todos los conflictos. Haz concesiones y no andes por ahí con el dedo levantado. Así también debería darse la valoración mutua y existir una jerarquía. Entonces todo el mundo sabe a qué atenerse y quien se respeta, también se aprecia. Eso mejora el ambiente laboral y sube el ánimo. Motivar, elogiar y formar a los empleados trae consigo beneficios y éxito. Entonces también tú podrás darte una palmadita en la espalda y decir: lo he hecho todo bien.