¿No tienes motivación para estudiar?

En un mundo con tanta división del trabajo, el conocimiento y la información actualizada son bienes muy valiosos. Para interiorizar esa materia hay que aprenderla. Eso se consigue leyendo, comprendiendo, profundizando y, en última instancia, estudiando. Algunas cosas las necesitamos para el futuro y otras solo durante poco tiempo. Pero ¿qué pasa con la motivación que necesitamos para adquirir esos conocimientos? En general, se puede decir lo siguiente: quien puede estudiar pero lo deja por falta de motivación acaba equiparado a quienes no tienen la capacidad intelectual para hacerlo. ¿Sin motivación para estudiar en el colegio? Vas a clase o asistes a la conferencia, pero no tienes ganas de interiorizar la materia que te ofrecen. ¿Por qué ocurre esto? Estudiar significa concentración, constancia y determinación. Son cualidades que necesita quien aprende para adquirir conocimientos a largo plazo y ampliar su vocabulario.

[caption id="attachment_664" align="alignright" width="300"]Sin motivación para estudiar Sin motivación para estudiar[/caption]

Encuentra las actividades adecuadas

Hay muchas actividades que distraen la atención y resultan divertidas, como la televisión o los videojuegos. Nos dan una sensación de éxito más aparente que real. Las historias suelen tratar de personas que no tienen que estudiar o que apenas lo necesitan. Esas historias se producen para las masas y sirven para entretener. En ellas se olvida que los programadores, los directores y los actores han completado con éxito muchos procesos de aprendizaje y han pasado por la universidad para poder ofrecer esas producciones. Al fin y al cabo, lo que cuenta sobre todo es ganar dinero. ¿Cómo se supera la sensación de «no tengo motivación para estudiar»? El conocimiento no llega de la noche a la mañana. La información hay que aprenderla en porciones y afianzarla día a día. Con cada día que repasas la materia y la profundizas con más detalles, el estudiante amplía su nivel de conocimientos. Y con él aumentan la curiosidad y las ganas de aprender.

Un ejemplo práctico contra la sensación de «no tengo motivación para estudiar»

Un ejemplo real encaja muy bien aquí. Cada día se trabaja un capítulo del temario «Historia de la literatura española». Al salir de clase, el estudiante se sienta con el capítulo del día. Elabora el contenido en puntos clave, lo profundiza en algunos pasajes con libros o con internet y así aprende la materia. Se recomienda tomar apuntes por escrito, porque el cerebro los retiene mejor. Al día siguiente toca el siguiente capítulo. El estudiante repasa la materia del día anterior, que todavía tiene fresca, y a continuación trabaja el nuevo capítulo del mismo modo. Después llega el fin de semana. El sábado y el domingo reserva unas horas para repasar la materia que ya ha interiorizado en parte. Pronto ya no necesita volver a estudiar el primer capítulo, solo echarle una ojeada rápida. Tal vez incluso le guste la literatura complementaria. Con los conocimientos adquiridos empieza la curiosidad. ¡Quien siente curiosidad empieza a disfrutar aprendiendo!