Sin ganas de trabajar: ¡algo tiene que cambiar!

Sin ganas de trabajar: posibles causas
En Alemania, las típicas jornadas de ocho horas, sin contar descansos ni desplazamientos, son agotadoras: lo confirmarán la mayoría de empleados, funcionarios y autónomos. Millones de trabajadores en la República Federal trabajan incluso bastante más de 40 horas a la semana. No pocos ven en ello además un propósito que va más allá de los ingresos, es decir, del sustento: reconocimiento, iniciar y mantener contactos sociales, sentirse necesario, la cooperación en grupo e incluso un sentido de la vida.Otras personas, en cambio, no tienen ninguna gana de trabajar. Para vivir por encima del nivel del ALG II (la prestación alemana para personas sin empleo), la mayoría se resigna. Pero también existen personas en paro de larga duración que o bien no tienen perspectivas por falta de cualificación, discapacidad, edad o enfermedad física o psíquica, o bien no trabajan por cuenta ajena por una determinada actitud ante la vida. A continuación se explican brevemente dos posibles causas.[caption id="attachment_170" align="alignright" width="300"]
Sin ganas en el trabajo[/caption]
Actitud de protesta contra la explotación capitalista
Sobre todo las personas cuya cualificación tiene poca demanda en el mercado laboral pueden desarrollar una auténtica actitud de rechazo interior hacia el trabajo asalariado. Esto también puede afectar a los universitarios, aunque la tasa de paro entre las personas con estudios superiores es mucho menor.Quien haya trabajado alguna vez como «peón» para una empresa de trabajo temporal, por ejemplo como mozo de almacén, preparador de pedidos, empaquetador, clasificador o similar, especialmente antes de la introducción del salario mínimo, entiende mejor esa actitud que quien, por falta de experiencia propia, ni siquiera contempla la posibilidad de este tipo de empleos. ¿Sin ganas de trabajar? ¡Normal! A esos trabajos no solo los acompaña el mal sueldo, sino también la exigencia de la máxima flexibilidad por parte de los trabajadores.
La empresa de trabajo temporal puede mandarte sin problema a cinco centros de trabajo distintos en una sola semana. Los nuevos compañeros de turno a menudo ni se molestan en aprender el nombre del «nuevo» y, por las malas experiencias con los trabajadores temporales, quizá además el trato sea pésimo. Por si fuera poco, puede ocurrir que se acumulen horas negativas que hagan necesario subvencionar el trabajo con un ALG II adicional. Es comprensible que en esas condiciones se consolide una actitud contraria al trabajo.
Educación / falta de formación / ausencia de modelos a seguir
La imagen del parado tonto y vago, que algunos programas de televisión difunden con cierto morbo, es, por supuesto, un cliché que rara vez se corresponde con la realidad. Pero en algunas regiones del país (tanto en el este como en el oeste) sí existen entornos que han hecho de «Sin ganas de trabajar» su lema de vida. Existe el peligro real de que el desempleo se transmita de generación en generación. Porque, cuando los niños ven a diario a sus padres en el sofá delante de la tele, les queda la impresión de que eso es totalmente normal y está bien. Algo así se observa en familias con poca formación que organizan su día a día en torno al ALG II y, con ello, también le quitan oportunidades de desarrollo a sus hijos.Más allá de que la cuantía del ALG II no se calculó con criterios científicos y se queda corta para una vida digna con participación social, los padres deberían intentar ser un modelo a seguir. Eso incluye participar en la sociedad con sus talentos y transmitir a sus hijos una ética del trabajo. «Sin ganas de trabajar» puede marcar de forma muy negativa toda la vida de un joven.