Sin ganas de trabajar y Hartz IV
Hay que admitir que el título de este artículo no podría ser más provocador. Pero el título de este artículo se ha elegido a propósito de forma tan provocadora y pretende llamar la atención sobre un fenómeno que dentro de un Estado social provoca una y otra vez inquietud y debates muy cargados de emoción, tanto entre políticos como en la mesa de la taberna del pueblo. En este punto, en cuanto a "sin ganas de trabajar y Hartz IV", conviene aclarar una cosa: cuando hablamos aquí de Estado social, nos referimos a Alemania, que en parte se entiende a sí misma como un Estado social. Pero ser un Estado social no significa al mismo tiempo desplomarse en un socialismo absoluto. Lo mismo vale, en un sentido más amplio, para nuestra economía de mercado, que se entiende más o menos como una economía social de mercado libre. Es decir, dicho en llano, es una mezcla, esperemos que sana, de elementos liberales, justicia social y también elementos de responsabilidad individual.
Justicia social y 2 opiniones
Si volvemos ahora, en lo que respecta a "sin ganas de trabajar y Hartz IV", a la política o a la tertulia de la taberna, en este debate suele haber 2 posturas fundamentalmente distintas. Un lado está convencido de que necesitaríamos mucho más Estado social. Al fin y al cabo hay pobreza y necesidad en todas partes, mires donde mires. Las personas, y en especial los niños, que crecen en familias y zonas residenciales socialmente desfavorecidas lo tienen simplemente más difícil que los niños que crecen en la clase media alta y, por tanto, en un entorno que no solo es más agradable para vivir, sino que ofrece también más opciones y perspectivas para la vida laboral posterior. En el otro lado del debate se encuentran argumentos que vienen a decir, más o menos, que dentro de Alemania tendríamos demasiado Estado social. Es decir, que con el apoyo a las personas que no van a trabajar, por ejemplo en el marco del subsidio de desempleo II (Arbeitslosengeld 2), solo se conseguiría que estas personas tengan aún menos motivo para ponerse por fin en marcha.
La idea de que todos tenemos las mismas condiciones y oportunidades es simplemente una mentira
El problema de este tema, "sin ganas de trabajar y Hartz IV", es a menudo que las personas que "disparan" con fuerza contra el Estado social y señalan con el dedo a casos aislados que se describen bien con el lema "sin ganas de trabajar y Hartz IV" son, al mismo tiempo, personas que viven apenas en el límite del mínimo existencial y que tienen cualquier cosa menos una vida fácil. Estas personas tienen, comprensiblemente, mucha rabia dentro, debido a la injusticia social que todavía hoy existe de sobra dentro de Alemania. Cuando por fin se consigue a duras penas un trabajo que te deja en la cuenta apenas unos euros más que lo que recibirías del subsidio de desempleo II, uno no está en principio necesariamente satisfecho con su vida. Pero lo que sí se ha conseguido es dar un poco más de dignidad a la propia vida. Porque, ¿quién vive a gusto a costa de los demás? Precisamente estas personas, que suelen sufrir ellas mismas los elementos injustos de nuestra economía, son las que más señalan con el dedo a ciertos vagos y exigen que necesitaríamos menos medidas de apoyo. En definitiva, hay que dejar una cosa clara cuando se trata de este tema. Existen vagos que se pueden describir bien con el lema que hemos elegido aquí, y no hace falta silenciarlos. Pero se trata de excepciones, y la función y el alcance del Estado social no pueden regirse por unos cuantos caóticos que intentan aprovecharse de él. En lugar de eso, respecto al Estado social habría que fijarse más en dónde ayuda y en dónde tendría que ayudar mucho más, en vez de concentrarse en determinados casos aislados en los que las medidas de ayuda del Estado fracasan en su función.15