Frustración laboral
Una de las peores cosas que le pueden pasar a uno en nuestra sociedad es la desesperación que se siente cuando, buscando trabajo, uno sufre una y otra vez reveses. Las exigencias de los empleadores son cada vez mayores, hasta el punto de que en algunos casos ni siquiera basta con el título de bachiller. Donde antes bastaba con tener el bachillerato, hoy también tiene que cuadrar la nota media, a ser posible un 10. Estas altas exigencias hacen que a muchos les invada la frustración laboral.
Se pierden la esperanza y las ganas
Cuando aparece esta frustración laboral, uno pierde las ganas de casi todo. No te apetece levantarte, descuidas la casa y, sobre todo, ya no tienes ningún interés en seguir enviando solicitudes. Simplemente te vuelves perezoso. Si además haces cola en la oficina de empleo con muchas esperanzas y no consigues nada, el ego se va haciendo cada vez más pequeño. Te da la impresión de que nadie quiere ayudarte y de que, total, no existe el trabajo adecuado. Es probable que más de uno empiece a dudar de sus propias capacidades, porque la idea de no ser una parte útil de la sociedad se va instalando cada vez más en la cabeza. El impulso propio decae, la motivación se hace cada vez más pequeña y, si ahora no te cuidas, te hundes hasta el fondo. Ser consciente de los propios puntos fuertes, saber lo que se quiere y mantener la motivación y la disposición a rendir es una virtud imprescindible en esos momentos. Solo así se consigue esquivar el agujero en el que se corre el riesgo de caer y seguir mirando con éxito hacia el futuro.
¿Es lo correcto un trabajo equivocado con buen dinero?
Seguro que muchos conocen el problema de tener unos ingresos buenos o muy buenos, pero que el trabajo en sí no te guste nada. También aquí existe el riesgo de caer en la frustración laboral. Día tras día te arrastras hasta el trabajo y día tras día, después, te arrastras de vuelta a casa. Agotado, hecho polvo, simplemente infeliz. Pero dejar ese trabajo no es una opción: no puedes ni quieres renunciar al dinero. Así que este proceso vuelve a empezar una y otra vez, hasta que también aquí se abre ante ti, tarde o temprano, un agujero en el que corres el riesgo de caer. Fiel al lema "cerrar los ojos y tirar adelante", se intenta aun así sacar lo mejor de cada situación y ni siquiera se nota uno mismo cuánto cambia, hasta que muchas cosas bonitas que antes quizá se hacían dejan de ocurrir de repente. Se instala cierta monotonía que consiste solo en trabajo y en recuperarse después.
El trabajo perfecto solo existe para unos pocos; para el resto, de lo que se trata es de buscar la mejor mezcla posible de trabajo, tiempo libre e ingresos.